Una ausencia que dolió El día que Messi decepcionó a los santafesinos
El paso fugaz del campeón del mundo por el aeropuerto de Sauce Viejo dejó una sensación amarga. Niños y niñas que esperaban un gesto, una sonrisa o un saludo se encontraron con un silencio que pesó más que cualquier palabra.
Por cuestiones de fuerza mayor, el aeropuerto de Rosario no estuvo operativo. Y entonces Santa Fe, la provincia invencible, la tierra de los campeones del mundo —la de Pumpido, Luque, Pasculli y tantos otros— abrió generosamente las puertas de su pista en Sauce Viejo. Allí, en ese rincón que también respira fútbol y orgullo nacional, aterrizó Lionel Messi, el número 10, el capitán eterno, el campeón del mundo.
La noticia corrió rápido. Familias enteras se acercaron con la ilusión intacta. Niños y niñas con camisetas celestes y blancas, algunos con la 10 en la espalda, otros con carteles hechos a mano, aguardaron durante horas con una sola expectativa: ver de cerca a su ídolo, recibir un saludo, una mirada, un gesto mínimo que quedara grabado para siempre en la memoria.
Pero no ocurrió.
Messi descendió de su avión privado y, sin detenerse, se subió al vehículo que lo esperaba pegado a la nave. En cuestión de segundos inició el viaje rumbo a Rosario, para alojarse en su casa cercana a la ciudad de la bandera y comenzar sus merecidas vacaciones. No hubo saludo, no hubo contacto, no hubo siquiera un reconocimiento a quienes estaban allí solo para decirle gracias.
